Durante la época de la primera guerra mundial, la Divina Providencia dirigía por el camino de la caridad de Cristo los pasos del sacerdote Luis Orione, que por aquel entonces -con la bendición del Papa y de los Obispos- trabajaba con su humilde congregación en la educación cristiana y social de la juventud más pobre y necesitada.

Por el año 1915, moría la condesa italiana Teresa Agazzini, dejando a Don Orione su casa para que hiciese en ella un asilo de caridad para ancianos pobres. A partir de esta casa, Don Orione inicia un nuevo campo de apostolado de caridad, para alivio de pobres y enfermos de toda clase, según el modelo de la gran obra de Turín, fundada por San José Benito Cottolengo.

Casi sin darse cuenta, Don Orione fue abriendo una tras otra casas de caridad, que la gente no tardó en llamarlas “Pequeño Cottolengo” asociándolas a la magnífica obra del santo. Así, los Pequeño Cottolengo se propagaron por toda Italia y por el extranjero, llegando incluso a nuestro país.

La Pequeña Obra de la Divina Providencia hoy está presente en más de treinta países. En palabras del mismo Don Orione, es “moderna en sus hombres y en sus métodos, toda y sólo consagrada al bien del pueblo y confiada en la Divina Providencia”.

Desde el año 1970 en Chile el Pequeño Cottolengo brinda atención integral a cerca de 500 personas de diferentes edades con discapacidades múltiples de distinta gravedad y en su mayoría carentes de familia.

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